Intento de golpe de estado de tejero

Intento de golpe de estado de tejero

Vídeo del golpe de estado de 1981

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Jaime Milans del Bosch y Ussía (8 de junio de 1915 – 26 de julio de 1997) fue un teniente general del Ejército español que fue destituido y encarcelado en 1981 por su participación en el fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981[1].
Milans del Bosch nació en el seno de una familia noble cuyos miembros habían ocupado numerosos cargos militares de alto rango. Era nieto de Joaquín Milans del Bosch. Se dice que Jaime Milans del Bosch se jactó en varias ocasiones de que muchos de sus antepasados habían participado en golpes de Estado.
En 1934 ingresó en la Academia de Infantería de Toledo. Como cadete, luchó en la Guerra Civil española en el Alcázar de Toledo, donde resultó herido durante un bombardeo republicano. Poco después, recibió su nombramiento de oficial en la Legión Extranjera española. En 1941, Bosch se unió a la División Azul para luchar contra la Unión Soviética bajo el mando de Alemania.

Película 23f

El general de división Alfonso Armada Comyn, 9º marqués de Santa Cruz de Rivadulla (12 de febrero de 1920 – 1 de diciembre de 2013)[1] fue un militar español que participó tanto en la Guerra Civil española como en el intento de golpe de Estado de 1981[2].
Armada nació en el seno de una familia aristocrática y pro-monárquica[1]. Se unió al bando nacional en la Guerra Civil española y también participó en el Sitio de Leningrado durante la Segunda Guerra Mundial con la División Azul. Armada fue ganando prestigio a lo largo de las décadas, llegando a ser tutor, y luego ayudante, de Juan Carlos, y formando parte de la Casa Real de España cuando éste se convirtió en rey[1].
Armada fue una figura importante en el intento de golpe de Estado de 1981[2]. Aunque fingió ser un mediador en el golpe acudiendo al Congreso de los Diputados después de que Antonio Tejero tomara la legislatura como rehén, la plena implicación de Armada no tardó en salir a la luz:[3] era uno de los “tres principales conspiradores”,[2] y había planeado convertirse en presidente. [Cuando Armada acudió a la legislatura, él y Tejero discreparon sobre la dirección del gobierno, y el golpe se vino abajo[1]. En cinco días, Armada fue destituido de todos sus cargos y detenido[3].

23f significado

Golpe de Estado español de 1981Parte de la transición española a la democraciaSalón de Plenos del Congreso de los Diputados (cámara baja de la legislatura española), en Madrid, donde un grupo de guardias civiles, dirigidos por Antonio Tejero, irrumpió violentamente.Fecha23-24 de febrero de 1981LugarMadrid y ValenciaResultado
El 13 de febrero la tensión llega a su punto álgido al conocerse la noticia de la tortura y muerte en Carabanchel de José Ignacio Arregui, miembro del movimiento nacionalista vasco ETA, que llevaba 10 días incomunicado en la Dirección General de Seguridad[1]. El gobierno despidió entonces a varios jefes de policía, mientras que en el Ministerio del Interior se produjeron dimisiones en solidaridad con los torturadores. El periódico El Alcázar juzgó la actuación del Gobierno como una muestra de debilidad que debía ser atajada.
En este contexto extraordinario, Calvo Sotelo presentó su propuesta de gobierno el 18 de febrero, pero, en la votación del Congreso del día 20, no obtuvo la mayoría necesaria para ser confirmado como presidente del Gobierno, por lo que se programó una nueva votación para el día 23: el día que los conspiradores habían elegido para su intento de golpe. Tal y como estaba previsto, el golpe contaría con Tejero y el general Jaime Milans del Bosch como principales instigadores, con un papel menor del general Alfonso Armada, hombre de confianza del rey Juan Carlos I.

Golpe de estado español de 1936

El pasado 6 de enero, me senté pegado al televisor para ver cómo los representantes estatales en el Capitolio de la nación se acobardaban en el suelo mientras una turba de patanes gritones invadía su cámara del Congreso, interrumpiendo la certificación del voto presidencial por parte del Colegio Electoral.
Este espectáculo me hizo recordar un momento similar ocurrido en España hace treinta años, que me conmovió en su momento y que inquietó a los españoles durante una generación. En aquella ocasión, un coronel del ejército borracho se situó en la tribuna de oradores durante unas elecciones presidenciales en el Palacio de las Cortes de Madrid y disparó al aire, gritando “todos al suelo”. Ya sea incitado por un coronel enloquecido o por un presidente derrotado que se niega a dejar el cargo, qué frágiles pueden parecer de repente los majestuosos pilares de mármol de la democracia.
Me chocó que estos taciturnos vigilantes, normalmente encaramados en el interior de las cabinas de seguridad de cristal de los patios universitarios, invadieran mi aula. Pero mis alumnos de filología sabían lo que significaba. Habían crecido bajo el puño de hierro de Franco, muerto desde hacía sólo siete años, y se daban cuenta de lo tambaleante que era la actual transición a la democracia. Me comunicaron la gravedad de la situación en inglés mientras salíamos bajo las severas miradas de los bedeles regodeados.